Skip to main content

De la culpa a la libertad

El enemigo de la libertad es la culpa. ¡Fijaros!

Si somos sinceros, honestos con nosotros mismos, ¿Cuántos de nosotros estamos inmersos en el sentimiento de culpa, que desencadena una serie de pensamientos y actitudes que coartan nuestra libertad? ¿Cuántos?

Yo diría que todos nosotros. En nuestro inconsciente colectivo los dogmas y mandatos de la Iglesia ha dejado huella y ha hecho mella. Y si ahora consideramos la culpa como una energía con su propia frecuencia de vibración…Nuestro cuerpo es energía materializada. La energía tiene sus propias frecuencias de vibración y las emociones «vibran en alta o baja frecuencia». Por ejemplo, la tristeza es una emoción de baja vibración; es densidad, nos sentimos sin energía vital, sin ganas de hacer nada cuando nos dejamos arrastrar por la tristeza. ¿Sí, o no?

El considerar las emociones como vibración de la energía nos permite, por un lado, salir del mecanismo de intentar resolver un malestar a través de la mente únicamente y, por otro lado, nos permite tomar distancia de esa misma emoción, al considerarla un movimiento de energía, lo que nos permite desidentificarnos de ella. Es decir, yo puedo expresar lo siguiente:

«Yo soy culpable», en este caso me estoy identificando con la emoción y estoy cerrando la puerta a toda posibilidad de evolución y cambio.

«Siento culpa». Esta manera de expresarme  me lleva a la mente, a intentar entender lo que me está sucediendo, entender por una necesidad de resolver y de pasar a otro estado. ¿Por qué siento culpa? ¿Desde cuándo? ¿A qué lugar de mi pasado me lleva esta culpa? Si ponemos en acción la mente solamente para resolver, nos podemos volver locos intentando entender, y, además, no conseguiremos sentirnos de otra manera que con sentimiento de culpa porque no se habrá dado un cambio a nivel de energía, un cambio de vibración.

«Me está atravesando la culpa». En este caso, estamos considerando la emoción como un estado de la energía, algo externo a nuestro ser, con lo cuál como ha venido se puede marchar. ¿Se marchará o se transformará?

La energía ni nace ni muere, se transforma. Con lo cuál, si queremos cambiar nuestro estado de culpa a un estado de libertad, simplemente tenemos que transformar la energía y cambiar la vibración. Una de las formas de hacerlo es expulsando con la expiración la culpa y en la inspiración, llenarnos de libertad, visualizando escenas que nos hagan sentir esa libertad. Si lo practicamos todos los días, o de manera constante en el tiempo, conseguiremos cambiar nuestro estado interior, del sentimiento de culpa al de libertad.

Si pensamos un instante, en este procedimiento o proceso o ritual, observamos que es muy simple y que además, ese cambio de vibración en la energía no depende de saber y analizar nuestro pasado, y, a su vez, nos enfoca a mantener la atención en nuestro cuerpo, permitiéndonos relajar el flujo constante de pensamientos estériles de la mente y manteniéndonos alerta, en el aquí y ahora, presentes.

¡Vaciémonos de la culpa que nos han inyectado desde hace miles de años para abrazar el sentimiento de libertad que habita nuestro ser, nuestra esencia, es decir, nuestra alma!

Leave a Reply